Es difícil no contar la historia de México sin hacer referencia a la mitología mexicana es decir a los diversos dioses que estos pueblos adoraron.
Los dos principales dioses de los aztecas son Ometéotl (masculino) y Omecíhuatl (femenino). Estos son dioses duales, pregeneradores de almas son el Señor y la Señora de los cielos. Huitzilopochtli (se lo conoce también como Uitzilopochtli, Mexitl y Mextli) es el dios supremo de Tenochtitlan y se lo relaciona con la guerra, el sol y el fuego. Es él quien ordena al pueblo que emigró desde Aztlan que se denominen mexicas. El significado de su nombre es Colibrí Izquierdo o Colibrí del sur. Quetzalcóatl (Tlahuizcalpantecuhtli): es el dios creador. Patrono de sacerdotes, gobernantes y mercaderes. Se lo representa como una serpiente de plumas vistosas. Tezcatlipoca (Omácatl o Titlacauan): es dios de hechiceros, guerreros, gobernantes, de la muerte, de la noche, del conflicto, de la tentación, protector de esclavos, dador y quitador de riquezas. Es un rival de Quetzalcóatl en muchos mitos. Tláloc (también Nuhualpilli): es dios de la lluvia, de la fertilidad y el rayo. Se lo conoce como “El que Hace Brotar a las Cosas”. Es uno de los hijos de los dioses supremos (Ometecuhtli y Omecihuatl). Xipe Tótec: es el dos de la primavera, de la renovación de la vegetación, de la germinación de las semillas. Es el patrono de los orfebres. Xiuhtecuhtli: es el que representa la vida después de la muerte, es la luz en la oscuridad y representa
a la comida en tiempos de hambruna.
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